Por qué importa entender los defectos del vino
Comprender los defectos del vino transforma esa vaga sensación de decepción al abrir una botella en conocimiento preciso y accionable. Los estudios sugieren que entre una de cada quince y una de cada veinte botellas sufre algún defecto detectable, con un coste estimado de más de 10.000 millones de dólares anuales para la industria. Los defectos más prevalentes siguen siendo el corcho y la oxidación.
Corcho (TCA) y oxidación
El corcho es causado por el 2,4,6-tricloroanisol (TCA), detectable por el olfato humano a concentraciones tan bajas como 2–4 partes por trillón. Su firma es inconfundible: cartón húmedo, periódico mojado, sótano mohoso. A niveles muy bajos, simplemente anula el carácter frutal. Afecta al 3–5% de las botellas selladas con corcho natural y no tiene solución: hay que devolver la botella. La oxidación accidental produce tonos ambarinos, aromas de manzana magullada y frutos secos rancios, causada por cierres defectuosos o almacenamiento incorrecto.
Reducción, acidez volátil y Brettanomyces
La reducción produce aromas de huevos podridos (sulfuro de hidrógeno) y ocurre cuando el vino carece de oxígeno. Los casos leves se pueden resolver decantando vigorosamente o colocando una moneda de cobre limpia en la copa. La acidez volátil excesiva produce olor a vinagre o quitaesmalte. Brettanomyces genera aromas de establo, curita o cuero que son divisivos: a niveles bajos, algunos lo consideran positivo; a niveles altos, es un defecto indiscutible.
Daño por calor y cómo actuar
El daño por calor ocurre por encima de 30°C: el corcho se empuja hacia fuera, el vino sabe a mermelada cocida y los cambios son irreversibles. En un restaurante, devuelva la botella con confianza explicando el defecto al sumiller. En una tienda, devuélvala con el recibo y algo de vino restante. Solo devuelva por defectos reales, nunca porque el estilo no le guste. Con el tiempo, mantenga notas de cata de los defectos encontrados para construir su biblioteca sensorial.


